Escondido tras una sombra carismática como la de Ricardo Rodríguez, Gastón Vales, su ayudante de campo, también tiene ángel para ofrecer. Los que lo reciben a diario son los jugadores de Atlético con el que parecen haber congeniado de inmediato. El hombre no es sólo un personaje divertido dentro del seno del plantel sino que, con parte de su historia, podría entretener a varios.
Desde hace dos años el "AC" ocupa el asiento contiguo a "RR". La relación se inició en All Boys a fines de los 90' cuando el actual técnico de Atlético dirigía al "albo", que entre sus filas tenía a Vales, un aguerrido defensor central. Hoy, justamente por eso, puede ponerse en la piel de los jugadores, ya que no sólo tuvo la misma profesión. También estuvo bajo las órdenes de un mismo jefe.
Entre el 93 y el 95 integró las divisiones inferiores de River y hasta se dio el gusto de compartir una pretemporada con Hernán Crespo, al que Daniel Passarella apostó junto con Gustavo Lombardi, como las tres caras jóvenes del plantel. "Todavía sigo hablando con Passarella y (Matías) Almeyda. Le pedí algunos jugadores para esta temporada, pero no quisieron venir", confiesa.
Todavía chico en ese momento, no se animaba a bromear como lo hace en cada mañana con el plantel en Ojo de Agua. "Tratamos de ponerle onda a los entrenamientos. Lo que sucede generalmente es que termina la práctica y los jugadores quieren irse rápido a su casa. Para nosotros es importante venir con buen humor y que se sientan cómodos", dice Vales.
Ya afuera de la cancha, ilumina a todos con colores de zapatillas diferentes cada día. "El es joven y puede usar esos colores modernos todavía", lo defiende Rodríguez y ensaya una sonrisa. Así de llamativas son las charlas que pueden derivar junto a los jugadores, una vez concluida la práctica. "Nos hace divertir a todos. Está muy cerca de los ellos: de los que juegan y de los que no", resume el entrenador.
Como jugador, además de River, Vales se paseó por varios clubes bonaerenses, cosechando 1.000 historias. Hasta hoy recuerda un incidente con Guillermo Barros Schelotto defendiendo los colores de Ferro.
Corría el año 98, los de Caballito aguantaban el empate ante el Boca de Carlos Bianchi, que aún no había empezado a recolectar títulos. Un lateral "verdolaga" de origen brasileño le cometió una falta al "Mellizo", que mandó lejos al moreno cuando quiso disculparse. "Dale, 'Melli', sólo te quiere ayudar", le dijo Vales. "¿Y vos quién sos?", respondió un Guillermo altanero. "Mirá, vos sos Barros Schelotto, jugás en Boca, ganás millones y te conoce todo el mundo, pero en la próxima jugada te quiebro. No me importa que me den 10 fechas, vos no vas a jugar más", le contestó Vales. Sin palabras. Tampoco las tuvo el "Mellizo", según cuenta el "profe" riéndose.
Pero todavía le falta un tono para armar la paleta de colores que conforma a un verdadero comerciante. En el barrio de San Telmo, Vales tiene una casa en la que aloja a extranjeros en sus diferentes habitaciones. La casa era originalmente de sus padres que, ya con los hijos fuera, tenía destino de venta. Era muy grande para dos. Para eso, Gastón organizó una súper fiesta de despedida en la terraza.
La cuestión era abandonar la casa con el ánimo bien arriba. Pero se le acercó un estadounidense y le propuso: "quiero vivir en tu casa. Decime cuánto es y te pago", exigió con un español forzado. Vales no podía hacerle entender al yanqui lo de la venta. Nunca lo hizo.
Entonces, decidió seguir un consejo amigo, tomó fotos y la promocionó por internet. "Fue muy loco todo. A las dos semanas, la casa estaba llena", confiesa el "Motivador", tan sorprendido como sus pupilos hoy en Atlético. Fin.